sexta-feira, fevereiro 02, 2007

VARGAS LLOSA, , ROBERT D. KAPLAN E A GUERRA

Um pequeno, longo, extracto da excelente crónica de Vargas Llosa no "El País" sobre um livro de Robert Kaplan sobre os soldados americanos que por esse mundo fora "defendem a civilização Ocidental":


"¿Quiénes son, de qué medios sociales proceden, qué ideas tienen, en qué creen estos hombres que sirven en esas fuerzas especiales semiclandestinas del Ejército, la Marina y la Aviación de Estados Unidos, apostadas en lugares generalmente secretos, que rara vez se codean con la población civil de los países donde sirven, que están prohibidos de jactarse de alguna hazaña o victoria -todas ellas deben ser atribuidas a los ejércitos a los que entrenan- y cuyos muertos en acción son también disimulados?

Por las páginas de Imperial grunts desfilan algunos personajes que parecen salidos de las novelas de Conrad, aventureros que han pasado quince o veinte años de sus vidas combatiendo en lugares exóticos, en guerras cuyo sentido, proyecciones y causas se les escapaban por completo, o no les interesaban en absoluto, y por una paga modestísima. Las fuerzas especiales son el último reducto puramente masculino de las Fuerzas Armadas norteamericanas, de modo que en su largo periplo por los campamentos y cuarteles del mundo Kaplan no encuentra casi mujeres -salvo en funciones administrativas o médicas-, pero el sentimiento generalizado en los oficiales y soldados que entrevista es que aquella limitación no durará, y que, más pronto que tarde, habrá también mujeres entre los marines, la Delta Force y los Seals (comandos de la marina) así como hay ahora pilotos y tanquistas mujeres que participan en acciones bélicas.

Buen número de los miembros de esas fuerzas especiales están allí por tradición familiar. Son hijos y nietos de veteranos que sirvieron en puestos de avanzada en la II Guerra Mundial y en Corea o Vietnam y se sienten orgullosos de emular a sus mayores en esos cuerpos militares de muy difícil acceso y donde el entrenamiento suele ser feroz (Kaplan lo ha seguidode cerca en los campamentos de Fort Bragg y Camp Lejeune, en Carolina del Norte).

Muy numerosos son también antiguos delincuentes juveniles, que pasaron por el correccional o la cárcel, provenientes de familias fracturadas de los guetos negros o hispánicos y que ahora hablan con orgullo del Ejército, como "su verdadera familia", que los salvó de haber terminado de pandilleros, narcos o pistoleros. Entre ellos es donde resulta más manifiesto el espíritu de cuerpo, la identificación con una institución que parece ser el más fuerte vínculo, acaso el único, con el país por el que están allí, en esos azarosos destinos, jugándose la vida. En cambio, es muy distinta la actitud de los soldados inmigrantes, que se enrolaron por la seguridad de que de este modo conseguirían más pronto la nacionalidad o pondrían en orden su permiso de residencia.

Do EL PAÍS uma excelente crónica de vargas Llosa sobre um livro de Robert D. Kaplan sobre os soldados profissionais americanos que em todo o mundo"defendem o Ocidente".
um pequeno, longo extracto:


"Algo que sorprende es el casi general desinterés, y a veces desprecio, de estos soldados por la política. Ciertamente casi ninguno de ellos se parece a esos soldados imperiales de Kipling, imbuidos de su rol de guardianes del imperio, de un discreto pero recóndito patriotismo, convencidos de que sobre sus hombros descansaba, nada más y nada menos, la seguridad del Occidente entero. Los soldados de Kaplan se reirían a carcajadas si se vieran atribuir responsabilidades semejantes. Salvo los generales y altos oficiales, con quienes Kaplan discute estrategias de largo plazo y que opinan -con notable franqueza- sobre la tarea que el gobierno les ha confiado en Afganistán e Irak, los tenientes, capitanes, suboficiales y soldados rasos, se interesan poco o nada en las cuestiones políticas de fondo que los han llevado a los bosques y fronteras violentas donde están, y sus conversaciones y comentarios se concentran en lo concreto e inmediato: las emboscadas, el armamento, la corrupción que advierten a menudo por doquier en los ejércitos que entrenan, y la frustración que les produce (en Colombia, por ejemplo) la prohibición de participar en las operaciones militares de los comandos a los que asesoran...."

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